viernes, 3 de julio de 2009

Mariam sostiene con cuatro dedos su copa de vino blanco. Su meñique me señala ridículo. Con la otra mano sujeta un largo cigarrillo que ha parecido olvidar a su suerte. Deja la copa lentamente sobre la mesa y a continuación coloca la cinta que adorna su frente evocando los pasados tiempos del Charleston, y que considero tan innecesario como su intrépido meñique.
Le estoy contando que no puedo seguir en esta ciudad mientras ella, de vez en cuando, dirige furtivas miradas a la gente que pasa por detrás de mi cabeza. Por supuesto no pienso dejar de hablar ni un segundo. Necesito desahogarme y no tengo fuerzas para escribir.

-De verdad, Mariam, aquí uno termina pudriéndose. No hay nada que hacer…Todos los días son exactamente iguales. La gente solo bebe y bebe, y habla hasta que está borracho y tiene que irse a casa balanceándose. No me interesa. –Hago una pausa para dar un trago a mi gin-tonic. Y con Riccardo la situación cada vez es peor. No nos vemos, y cuando nos vemos tengo que lidiar con toda su familia. Les caigo fatal, creen que le estoy corrompiendo…
-Diana, creo que estás centrando demasiado la atención en él- me dice creyendo que sus palabras son auténticas revelaciones. Después da una calada al cigarro y suelta lentamente el humo poniendo morros de puta barata como si alguien escondido estuviera registrando cada movimiento suyo para hacer un video clip. - No es verdad que en Venecia no hay nada que hacer. Hay un montón de exposiciones interesantes. Deberías salir más de casa, venir conmigo a la Bienal…-dice persiguiendo con la mirada a un hippie con sandalias y un carrito de la compra.

La Bienal; un circo para supuestos entendidos en el que se trafica con obras de arte, al parecer, de lo más rompedoras. La gente se pasea entre esculturas imposibles, cuadros de suicidas colgados de lámparas de araña, espacios diáfanos con unas cañas de bambú sobre unos cojines, o fotografías de vacas abiertas en canal en un matadero, y asienten convencidos de la genialidad del artista. Luego llegan a casa y sienten renovado su lado más alternativo, y nadie se cuestiona el porqué de nada de lo que ha visto. El que lo hace, formula sus preguntas interiormente por miedo a que los demás le consideren un obtuso o un insensible. ¿La vaca? La vaca maravillosa. ¿Y qué me dices del bambú? Para el bambú no tengo palabras, y así los días pasan y los supuestos artistas alquilan bonitos estudios en Berlín y pueden ponerse esas gafas de pasta enormes a lo Buddy Holly desde las que despotrican contra el sistema capitalista. A Mariam le encanta todo este asunto. Cada noche sale a cenar con sus amigos modernos (la mayoría franceses) y discuten sobre arte y política como si se les fuera la vida en ello. Pero yo no soporto sus voces graves, sus flequillos, sus interminables anécdotas y sus chistes sin gracia. Además casi todos sus amigos son gays o asexuados, como si interesarse por un par de tetas fuese cosa de individuos de baja ralea. No le veo posibilidades a ningún plan de los que me propone.

-Si, quizá debería ir –le digo con cierto miedo de que pueda ponerse a hablar sobre algunas de las performances de las que ha disfrutado en estos días.
En ese momento suena su móvil. Tiene puesta una canción de los Smiths. Las cabezas se giran para localizar el sonido. Mariam responde en un francés forzado y tras encender otro de sus finísimos cigarros comienza a reír y a bromear como una loca. Habla tan alto que podrían perfectamente oírle en Francia. Después de un millón de horas cuelga el teléfono y me dedica una sonrisa compasiva.
-Perdona, era Pierre. Quería saber si esta noche iría a Rialto a beber algo. ¿Te apuntas?
Sabe perfectamente que le voy a decir que no.
-Me vuelvo a España. Voy a comprar un billete de avión esta misma tarde. Me voy, no aguanto más –digo sorprendiéndome a mí misma por tomar una decisión tan drástica de un modo tan repentino.
Mariam me mira como si estuviera loca.

Un par de horas más tarde, y con una perspectiva ligeramente distinta, doy pequeños sorbos al tercer mojito de la noche. Un hombre de unos cincuenta años amigo de Mariam (no consigo entender cómo demonios han llegado a encontrarse en esta vida) me habla sobre Tom Waits. No puedo dejar de imaginar la cara de Riccardo cuando se entere de que estoy en España. Después me sumerjo en un viaje por los momentos más felices de mi vida en esta ciudad. Cuando vuelvo a la conversación, el viejo fan de Tom Waits ha pasado milagrosamente de Heart of Sturday Night a la náusea de Sartre. La plaza de la Erbería está abarrotada. A nuestro lado hay un grupo de personas que transportan un equipo de música con un carrito. Los altavoces disparan grandes mierdas conocidísimas que darían ganas de suicidarse a cualquier persona con cierta sensibilidad musical. Desde luego el calvo fan de Tom Waits hace caso omiso al carrito musical y clava sus dos pequeños y húmedos ojos en mi sonrisa de escayola. Por lo que puedo ver Mariam está entretenidísima hablando con un chico de pelo largo con una camiseta de Nirvana. No va a conseguir follárselo, pienso. Pero aún así la cosa va para largo así que me acomodo en la conversación como puedo.
- Sartre es un coñazo –digo sin ganas.
- Bueno en mi opinión….Y otro cuarto de hora de viajes a través del tiempo y el espacio.
Deduzco por lo poco que escucho: no quiere quitarme la razón del todo porque quiere follarme a toda costa, pero es un fan incondicional. También es probable que sea el único autor que ha leído. Cuando la agonía estrangula mi garganta sin piedad decido irme a pedir otro mojito con sabor a pradera.
- Te lo pongo enseguida, corazón –me dice el camarero detrás de la barra.
Cuando salgo del bar diviso a Mariam que me sonríe y me indica que vaya hacia ellos con la mano.
- Mira, este es Pierre –me dice dándole una palmadita cariñosa en el hombro. Esta es Diana, mi compañera de piso.
Nos estrechamos la mano. La de Pierre está tan fría como la de un muerto. El chico tiene un aspecto algo enfermizo y sospecho que está colgado por cómo me mira. Lleva una camiseta raída y unos pantalones de pitillo que evidencian aún más su extrema delgadez. Por lo que sé, Pierre es parisino (puag) y se dedica a la música electrónica. Compone temas extraños acompañados de videos que él mismo hace, y por lo visto ha cosechado cierto éxito en su país. Todo esto me lo contó Mariam que suspira por besar su casi transparente piel. También me mostró un par de videos. En el primero aparecían unos insectos de colores que repetían una y otra vez el mismo movimiento al ritmo de la música. En el segundo, un hombre con barba sujetaba la cabeza de otro que estaba sentado sobre una silla y llevaba puesta una camisa de fuerza. Después sonaban unos aullidos aterradores, y el hombre de la camisa se daba cabezazos contra la pared. Cuando acabó la improvisada proyección me mantuve en silencio sin saber qué decir. Mariam dijo “Es increible. Absolutamente genial” Y yo asentí de un modo bastante convincente y me fui a preparar café. Pierre, o el hombre de los insectos, habla con el chico de la camiseta de Nirvana, que a estas alturas de la noche me follaría sin dudar, por lo que Mariam se ve en la obligación de intercambiar impresiones con el fan calvo de Tom Waits. Yo estoy tan borracha que no creo que pueda volver a articular palabra. Después llegan una chica y un chico cogidos de la mano y vestidos prácticamente igual. Se integran en la conversación en cuestión de segundos, y yo empiezo a notar que estoy de más en ese grupo de gente desconocida, así que retrocedo unos pasos disimuladamente, dejo el vaso vacío en la barra (¡gracias, corazón!) y emprendo el camino hacia casa. Sin despedirme, ¿para qué?.
Llego después de superar algunas dificultades (olvido el camino directo y tengo que dar algunos rodeos durante media hora, una vez allí no sé reconocer la puerta y pienso que estoy volviéndome loca y que toda la información que he ido acumulando en estos años está desapareciendo progresivamente debido a una rara enfermedad mental) pero cuando consigo atinar con la llave en la cerradura decido comprar el primer billete que salga para España y desaparecer de allí sin dejar rastro.

11 comentarios:

Violetera dijo...

Tu amiga Mariam (o lo que sea) me recuerda mucho a una cosa que tengo en mente y que procedo a enviarte a tu correo electrónico.

Anónimo dijo...

Hola! estoy impaciente por ver como estas. Besos.

Anónimo dijo...

Estafadora, donde está ese otro puto blog. Saca la cabeza del coño de una vez, pareces un avestruz onanista.

Diana dijo...

Jaja...

Todo a su debido tiempo.

Anónimo dijo...

por que coño tienes colgado Destino zoquete? lo has escrito tu y eres un tio? no jodas, ya no me hago más pajas con tu foto.

un fan dijo...

Missing, seguro que tienes un blog por ahí a chita callando.

Anónimo dijo...

¿Dónde está el blog ese nuevo?
Venga, Diana!

basurilla288@hotmail.com dijo...

ánimo chica

Anónimo dijo...

Me parece bueno lo que publicas ,enhorabuena.

Anónimo dijo...

Ya sé que te daré asco por lo que voy a decirte, pero tendrás que aprender a perdonar a tus lectores: me ha encantado lo que escribes. ¿Dónde puedo seguir leyéndote?

Rubén Matías dijo...

Me encantan los comentarios que no llevan a nada, como escribir tuits cuando sé que nadie los va a leer y que nadie les va a hacer caso (tomando las palabras del poema de Juan Luis Panero de Un viejo en Venecia: para dar testimonio de nada a nadie); la verdad es que se siguen leyendo muy bien las entradas de este blog (que ya leí en su momento). Por eso vuelvo a veces.